miércoles, 15 de mayo de 2013


ROPA   CAMINANTE.-


Hacías en los kebabs  buñuelos de celuloide,
y  me enseñabas a interpretar el  lenguaje
de las iluminadas musas  espectrales,
con tus  palabras de niño incomprendido.

Escribías  a rachas de vendavales  cornuallescos,
y  me dabas a leer historias  increíbles,
que  estaban contadas  con idioma de chaval.

Desde que dejaste  áulicas   escuelas, no leías
nada más que  los ojos de tus trenes.
Y  por tu foco  mágico de móvil  súperocho,
Captabas  la realidad con ojos de nube  fantasma.

Estuvimos aparcados entre coches  de star system,
y  tu les sacabas las fotos  más guapas,
mas  locas,
para  halagar su vanidad de cuatro ruedas  bien peinadas.

Un día nos negó,  una  monja  de guardia en parque,
el  derecho, nuestro  derecho,
a inmortalizar  vidas  locas que corrían como  chuchos
de jauría  animada.

Nos alejamos como  Vagabundo, el  perro de Disney,
y  el gato callejero en que yo me convertí,
pues nos acusaban de ladrones de almas y  sonrisas.

Tú me ibas convenciendo de que no  merecía la pena
discutir con gente  apegada a su rareza,
empeñada en ordenar , como  girar,  al mundo .

Y nos  perdimos en nuestro reino  de bobos  sencillos,
mirando todo a cuatro patas,
como gorriones que quieren comer  fresa helada,
como  héroes  sin  placa, sin hinchada.
Sin  esbeltos  compañeros de éxito
a  los que dar  un capón, por no saber sonreír a un niño,
y no saber que  un vencejo es un pájaro
que nunca se está quieto, porque sabe que no es nadie,
y  que solo basta con volar por uno mismo
para  decir adiós  a  las mentiras.




De     APHU       para     Javier   Landa
2013-05-09


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