ROPA CAMINANTE.-
Hacías en los kebabs
buñuelos de celuloide,
y me enseñabas a
interpretar el lenguaje
de las iluminadas musas
espectrales,
con tus palabras de
niño incomprendido.
Escribías a rachas de
vendavales cornuallescos,
y me dabas a leer
historias increíbles,
que estaban contadas con idioma de chaval.
Desde que dejaste
áulicas escuelas, no leías
nada más que los ojos
de tus trenes.
Y por tu foco mágico de móvil súperocho,
Captabas la realidad
con ojos de nube fantasma.
Estuvimos aparcados entre coches de star system,
y tu les sacabas las
fotos más guapas,
mas locas,
para halagar su
vanidad de cuatro ruedas bien peinadas.
Un día nos negó, una
monja de guardia en parque,
el derecho,
nuestro derecho,
a inmortalizar
vidas locas que corrían como chuchos
de jauría animada.
Nos alejamos como
Vagabundo, el perro de Disney,
y el gato callejero
en que yo me convertí,
pues nos acusaban de ladrones de almas y sonrisas.
Tú me ibas convenciendo de que no merecía la pena
discutir con gente
apegada a su rareza,
empeñada en ordenar , como
girar, al mundo .
Y nos perdimos en
nuestro reino de bobos sencillos,
mirando todo a cuatro patas,
como gorriones que quieren comer fresa helada,
como héroes sin
placa, sin hinchada.
Sin esbeltos compañeros de éxito
a los que dar un capón, por no saber sonreír a un niño,
y no saber que un
vencejo es un pájaro
que nunca se está quieto, porque sabe que no es nadie,
y que solo basta con
volar por uno mismo
para decir adiós a las
mentiras.
De APHU para
Javier Landa
2013-05-09
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