EL DIA DE LA CREACION.-
Ese dios que tiene tantas caras, y por eso tantos dudan de si existe o no. Que tiene el semblante de greñas con flores de
Walt Witman, que te mira desde la tapa de un libro sobado. El tufo de sudor a
madalena del vello púbico más negro de toda esta civilización, enrocada en rotativas e ideologías
electrónicas. Forrada de ojos ciegos de mirar solo eclipses, como
lo harían los peces martillo, desde
sillones enmoquetados. Que no
necesitan idear estratagemas desde esa altura, para seguir su
vuelo parapente. Heredado
en torno a las
carencias de todo lo que huele a sal,
polvo sin talco, y fiebre de correr a por
un nido de gorrión cantor.
Ese dios que te mira desde los ojos de la actriz mas rubia y
angelicalmente delgada e inocente, para decirte que está dispuesta a engañarte, con toda clase de demonios de los divanes subterráneos, quizá solo mentalmente, que es la peor manera posible de engañarte, para esa clase de mujer. Pero que te dice que tu eres el
rey de su desván, y que ese es vuestro cielo.
Ese dios que puede estar algún día, en la ermita atestada de
calor humano, guiada por un sacerdote con greñas barbudas, de las que algún día
asome por descuido algún capullo de lagartija, con pulso de ratón miope. Ese lugar que quizá acoja cánticos sureños,
como de espíritus que se han sentido esclavos
tanta vida, como cabe en una galaxia de dudas, incluso las de ciertos
patriarcas. Dará a luz el rayo donde aparezca esa alma, virgen de virtudes
dudosas, matriz del desván de tu reino, donde un grito de estrella, dormirá
las tinieblas de los caminos, pisoteados por la inercia.
ALVARO PÉREZ
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