miércoles, 15 de mayo de 2013



EL DIA DE LA CREACION.-




Ese dios que tiene tantas caras, y  por eso tantos dudan de si existe o no. Que  tiene el semblante de greñas con flores de Walt Witman, que te mira desde la tapa de un libro sobado. El tufo de sudor  a  madalena  del  vello púbico más negro de toda esta  civilización, enrocada en rotativas e ideologías electrónicas.  Forrada de ojos  ciegos de mirar  solo eclipses,  como  lo harían los peces martillo, desde  sillones  enmoquetados. Que no necesitan  idear  estratagemas desde esa altura, para seguir su vuelo  parapente.  Heredado  en  torno a  las  carencias de todo lo que huele a  sal, polvo sin talco, y fiebre de correr  a por un nido  de gorrión cantor.  

Ese dios que te mira desde los ojos de la actriz mas rubia y angelicalmente delgada e inocente, para decirte que está dispuesta a engañarte, con toda clase de  demonios  de los divanes  subterráneos, quizá  solo mentalmente, que es  la peor manera  posible de engañarte, para esa clase de mujer. Pero que te dice que tu eres el rey de su desván, y que ese es vuestro cielo. 

Ese dios que puede estar algún día, en la ermita atestada de calor humano, guiada por un sacerdote con greñas barbudas, de las que algún día asome por descuido algún capullo de lagartija, con pulso de ratón miope.  Ese lugar que quizá acoja cánticos sureños, como de espíritus que se han sentido esclavos  tanta vida, como cabe  en una  galaxia de dudas, incluso las  de ciertos  patriarcas. Dará a luz el rayo donde aparezca  esa alma, virgen  de virtudes  dudosas, matriz del desván de tu reino, donde un grito de estrella,  dormirá  las tinieblas de los caminos,  pisoteados por  la  inercia. 




ALVARO   PÉREZ

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