TEMBLAR SIN MIEDO
Si hay un lugar para
la fe en la vida, entre los hombres:
donde está el surco.
Si hay algún lugar
para la voz que asoma a un precipicio:
donde ver la llama.
Si hay algún lugar donde el humano pueda ser
su flecha y su lanza del
fuerte,
su pluma y su
letra sobre nubes de sangre:
donde gritar la herida de Ángel.
Si hay algún oído capaz de escuchar
el grito de un hombre que ya no sabe llorar
ni por su misma pena
que a otros duele:
donde está la cueva del
tesoro, en que
guarda el Dragón una
sangre apátrida, de pájaro perdido.
¿Eres tú el oído de tierra que atenúa?
¿Que atenderá estos
ruegos de ermitaño?:
tiembla entonces,…tiembla,…tiembla,…tiembla
y búscame, desnuda y desarmada de garras,
entre las grietas de tu carne.

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