MI OTRO PADRE.-
Mi otro padre era un rocinante,
que tenía muchas novias en la grillera.
Que me nombro su secretario
por aquello de que
los demás amigos del bar no le pescaran llamándome escudero.
Mi otro padre era un conductor de manadas sin caballos,
montado en un molino, que tiraba cerveza, igual que un
tiovivo
de caballos de tiro, despliega el aire sobre tu indefensión.
Se fue convirtiendo poco a poco en caballo de Troya para mí,
me amenazó mas de una vez desenfundando el revólver de su miedo.
Me acongojo dos veces diciéndome que no era yo capaz de
encontrar
una Dulcinea para el
yo de él que había plantado él en mí,
y que no fuera
demasiado empalagosa.
Me lo echo en cara como una falta irresoluble, endógena,
solo curable a gritos, o disparandome balazos en los pies
para que bailara: ”si
no sabes ni bailar”, me dijo un día.
Hasta que llego la fecha en que yo , aupado por la
psicodelia de
mi recién creado
Movimiento Alquímico, le llamé capullo,
judíoquetevendesporserelcaprichitodelasnenasfamiliares.
Se lo dije, me la sudó su enfermedad interminal, que se
había
provocado él mismo,
nada más que para
enseñarle al mundo como se hace un hombre,
un culo de mal asiento mental, que no deja títere con cabeza,
porque es el vaquero más hijoputa del Oeste de ninguna
parte.
Se puso rojo, colérico, indignado, de que un lacayo sin
nomina, escudero,
secretario, le
soltara más frescas juntas, que todas las mañanas de Marzo .
Me largue sintiéndole cobrado por todas sus melopeas de rodeo,
por quererme domar igual que un mustang cerril de las llanuras.
Y todo, no con las
maneras de una doma natural, sino atándome desde
las patas hasta el cuerpo, para inmovilizar cualquier galope
de la imaginación:
“quieres pensar”, me dijo otro día, condescendiente,
considerándolo su prerrogativa
por antonomasia.
Yo le contesté mentalmente: ”no, yo pienso aunque no
quiera”.
Pero no domo mis pensamientos como tu domas los tuyos,
para que parezcan Indescifrables
hasta para ti.
Y lo más puto de todo es que le quise a mi manera,
pues parecía un contador de historias de un oeste en el que él
era el indio,
el caballo, las vacas cimarronas, los vaqueros, el colt, el
forajido, el winchester
y el rey de copas de cerveza, ginebra con limón, o amaretto.
y el rey de copas de cerveza, ginebra con limón, o amaretto.
Como el oficial que
caricaturizaba al caballero Dumbar, te pegaste un tiro
de nicotina, y te
ahorcaste con la ley del descuidado abandono etílico.
Pero no me habías
enseñado a ser escudero para tareas tan arduas,
como salvar a un cuerdo que se cree el
loco más lucido de su llanura:
que ya no tenía épica, ni lirica, ni otra poesía,
que no fuera el olor del asfalto de agosto,
y el de la barra de tus bares vacíos,
que parecían mucho más solitarios contigo que sin ti.
APHU
2013-04-03
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