martes, 16 de abril de 2013


MI  OTRO  PADRE.-

 

 

Mi otro padre era un rocinante,

que tenía muchas novias en la grillera.

Que me nombro su secretario  por aquello de que

los demás amigos del bar no le pescaran llamándome escudero.

 

Mi otro padre era un conductor de manadas  sin caballos,

montado en un molino, que tiraba cerveza, igual que un tiovivo

de caballos de tiro, despliega el aire sobre tu  indefensión.

 

Se fue convirtiendo poco a poco  en caballo de Troya para mí,

me amenazó mas de una vez desenfundando el revólver de su miedo.

Me acongojo dos veces diciéndome que no era yo capaz de encontrar

una  Dulcinea para el yo de él que había plantado él en mí,

y  que no fuera demasiado empalagosa.

 

Me lo echo en cara como una falta  irresoluble, endógena,

solo curable a gritos, o disparandome balazos  en los pies

para que bailara:     ”si no sabes ni bailar”, me dijo un día.

 

Hasta que llego la fecha en que yo , aupado por la psicodelia de

mi  recién creado Movimiento Alquímico, le llamé capullo,

judíoquetevendesporserelcaprichitodelasnenasfamiliares.

 

Se lo dije, me la sudó su enfermedad interminal, que se había

provocado él mismo,

nada más  que para enseñarle al mundo como se hace un hombre,

un culo de mal asiento mental, que no deja títere con cabeza,

porque es el vaquero más hijoputa del Oeste de ninguna parte.

 

Se puso rojo, colérico, indignado, de que un lacayo sin nomina, escudero,

secretario,  le soltara más frescas juntas, que todas las mañanas de Marzo .

 

Me largue sintiéndole cobrado por todas sus  melopeas de rodeo,

por quererme domar igual que un mustang cerril  de las llanuras.

Y  todo, no con las maneras de una doma natural, sino atándome desde

las patas hasta el cuerpo, para inmovilizar cualquier galope de la imaginación:

“quieres pensar”, me dijo otro  día, condescendiente,

considerándolo su  prerrogativa  por antonomasia.

Yo le contesté mentalmente: ”no, yo pienso aunque no quiera”.

Pero no domo mis pensamientos como tu domas los tuyos,

para que parezcan  Indescifrables hasta para ti.

 

Y  lo más  puto de todo es que le quise a mi manera,

pues parecía un contador de historias de un oeste en el que él era el indio,

el caballo, las vacas cimarronas, los vaqueros, el colt, el forajido, el winchester


y el  rey  de copas de cerveza, ginebra con limón, o amaretto.

 

Como el oficial  que caricaturizaba al caballero Dumbar, te pegaste un tiro

de nicotina, y te  ahorcaste con la ley del descuidado abandono etílico.

Pero  no me habías enseñado a ser escudero para tareas tan arduas,

como salvar a un cuerdo que se cree  el  loco más lucido de su  llanura:

que ya no tenía épica, ni lirica, ni  otra poesía,

que no fuera el olor del asfalto de agosto,

y el de la barra de tus bares  vacíos,

que parecían mucho más solitarios contigo que sin ti.

                                                                                                                            

 

 

APHU 

2013-04-03

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